La maldita lo dejó morir… turnarse en la tabla tambien hubiera ayudado
(Fuente: tyleroakley)
195 508 notas (via interwar & tyleroakley)
Esto si es amor por los videojuegos… jajaja
(Fuente: lickystickypickywe)
134 notas (via lickystickypickywe)
New York Noir, Manhattan c. 1913
(Fuente: lostsplendor)
478 notas (via lonelycoast & lostsplendor)

Mi a sol, de si a re, luego de sol a la, pero así bien rápido como escala decreciente de blues pero son ese swing tropical para que piensen en playa. Y ahí la sueltas: “No tengo un celular con diamantes de muchos quilates pa’ impresionar… pero tengo una buena conversación con la que te enamoro más y más”. Siempre mirá al público sin hacer mucho contacto visual, si ves sonrisas vas por buen camino, si están cantando lo estás haciendo bien, si empiezan a hablar de trancones mientras vos subís al coro, es hora de entregar la guitarra en la proxima canción. Ah, importantísimo, aprenderse canciones que le gusten a todos, a nadie le gusta que el fogatero de confianza se crea artista de ensamble de las canciones que solo él conoce y que mueven las fibras de su melómano corazón. Y ese es el secreto Pipe, no tiene más misterios, es cuestión que te creás que la gente te quiere escuchar y cantés para que te escuchen hasta los jabones de la ducha de la casa donde estés y digan “cómo canta de bueno ese man, ojala se bañara aquí pa’ enrumbarnos”. Entre más abundante sea el alcohol entre el público, mejor suena uno, gran secreto de las rumbas bohemias es esperar al punto adecuado entre ese momento en que lo miran a uno con cara de interrogante o participante de ‘Yo me llamo’ y ese momento en que bailarían hasta canciones de Alci Acosta. La guitarra me ha traído muchas alegrías y situaciones extrañas, ha sido mi gran compañera en la vida al encontrarme con momentos difíciles y fuente sin igual para liberar mi estrés y malas energías de la vida. La guitarra me da todo el buen yuyu que pueda haber.
Yo aprendí a tocar guitarra por necesidad, soy una persona muy musical y a pesar de los más rotundos esfuerzos de mi familia por elevarme a la alta alcurnia y meterme al conservatorio a aprender piano clásico, siempre escuché lo que me gustaba y me aprendía lo que me intoxicaba. Fui reclutado como tecladista por la banda de rock de los estudiantes mayores cuando yo apenas contaba con doce años y me tocó enfrentar una cruda realidad, el tecladista no levanta ni gripas. Puede que haya sido por la edad, la mía sobre todo, pero a mi ninguna niña de los casi infinitos colegios donde nos presentamos me miraron con curiosidad o con esa travesura adolescente de la que soñaba ser víctima. Bajista y tecladista mirábamos sentados al final de las presentaciones como un cardúmen de proyectos de mujer se agrupaban alrededor de cantante, guitarrista y baterista. Ésas eran las verdaderas estrellas de rock, se morían por pedirles el teléfono, por invitarlos a esas fiestas caseras donde se que entraban como celebridades guiados por un coro de voces femeninas queriendo hacerse notar. Dios le da pan al que no tiene dientes, pensaba yo en ese entonces, si supieran que el guitarrista es cristiano y quiere es casarse con la vecina, que el cantante era un drogadicto en potencia y futuro consumidor compulsivo de viagra gracias a una impotencia prematura y que el baterista es un pobre bobo que tendrá que comprar un escritorio de cemento para que le dure por todos los años que va a perder repitiendo cursos. Los miraba con una furia asesina llena de celos mientras flaquitas y gorditas les llenaban los bolsillos con carticas que figuraban sus nombres en letras infladas de colores y corazoncitos a la firma, los invitaban a malteadas mientras yo los seguía como parte del séquito e intentaba empaparme de status, pero siempre terminaba cargando y empacando mi teclado para esperar el momento de regresar. En mi casa tampoco ayudaban, a veces, en ciertas reuniones de ocasión los amigos de mis padres llevaban a sus hijas o sobrinas y mi mamá, en ese afán de orgullo e intento por empujarme decía: “Y mi Santi toca piano, divino, se sabe tocatas de Bach y a veces se sienta a tocar la danza húngara…” Y yo… Sólo veía como se cristalizaban las miradas de las niñas con esa desidia de quien lo descubre a uno ‘nerd’ y empieza a darse cuenta que todo eso que dicen es una especie de mandarín indescifrable. Dios mamá, ¿por qué no podías decir que Yayito (hasta te hubiera perdonado el ‘yayito’) se sabe la última de Rikarena y tiene un tumbao’ único mientras baila las nuevas epilepsias de los “Ilegales”. No, el piano me mata, me parece el instrumento más hermoso del mundo, me hicieron notar hace poco que la guitarra era mejor porque podia ponerla uno a cantar, creo que cada instrumento tiene su encanto. El piano me traiciona, entre más me envenena de ideas y estructuras, más me alejo de aquél perfil informal y desencajado que tanto me ha costado construir y que hoy en día daño con cada mañana que me hago el nudo de corbata y me pregunto si los zapatos están bien lustrados.
La situación era clara, por poco tímido que me estuviera convirtiendo, o nivel cultural que aumentara por el volumen de novelas que leía, el piano no me estaba ayudando. ¿Dejar la música y dedicarme a ser un becerro más del montón que sólo piensa en las canciones de los Backstreet Boys y en las novelas de la siete de la noche? Nunca. Decidí aprender a tocar guitarra, pero era para mi un crimen interno que le daba la espalda a ese músico serio que nunca fui y que con esa decisión jamás llegaría a ser, disimuladamente pedí para un cumpleaños una con el pretexto de querer iniciar una colección de instrumentos. Como soy rockero mi primer bicho fue una guitarra electrica Yamaha negra con una lágrima blanca enorme. Empecé a sacar, gracias a unas partituras que saqué del conservatorio, el disco negro de Metallica y a hacer los ejercicios de Mateo Carcassi del método de guitarra. Lentamente se fue quedando en el olvido mi teclado MR700 de yamaha que tanto orgullo me había traído. Las “estrellas” se graduaron al terminar once, y era el divino momento de inicio de temporada para renovar el casting de final de temporada. Yo era pequeño, con mis trece o catorce años pero tenía la cancha, ya me había montado en la tarima de colegios como el Rosario y había enfrentado el pánico con agallas que me tocó sacar a las malas. Yo tenía mi tiquete de entrada a la banda, pero solté mi bomba, yo quiero tocar guitarra. Ya llevaba meses y vacaciones haciendo reventar mi Marshall de 35 Watts en mi casa al lado de la clinica Valle del Lili, muy a pesar del oído de mis vecinos que les tocó aguantar mi periodo de aprendizaje. Sabía más o menos las canciones que se habían montado el año anterior. El destino no quería entregarme al estrellato aún, y envió un quorum de nuevos “mayores” más inclinados a montar canciones de Andrés Cepeda que Héroes del Silencio y dejaron en evidencia que lo que necesitaban era un guitarrista acústico, porque el negro cantante además cantaba super biemmm las canciones de Chichi Peralta, oís. Así que me tocó mamarme otro año de tecladista mientras descubría en silencio la magia y el encanto de los pregones salseros que yo traduje en mi casa sacando swings electricos de Carlos Santana mientras me planteaba de proyecto comprar una guitarra acustica. Cuando la tuve en mis manos, una electroacústica de poca pretensión pero mucha lealtad, la llamé Lucy y empecé a enterarme de los secretos que contenía Jaime Molina y confesaba como a lo sumo hace cuatro noches que no la veía. Aprendía las canciones tocandolas a la par que el cd que me regalaban o el cassette que iba preparando con las canciones pertinentes. Descubrí que no podía montar el espectaculo solo, yo no quería ser concertista acústico, ya había quemado esas aspiraciones mudas con el piano. El año escolar se acabó, y con todo ese agite llegó mi emoción ante el nuevo periodo escolar, donde ya a escalones cortos de ser de los grandes iba a hacer y deshacer con esa infeliz banda a la que pertenecía como miembro senior.
No hay mal que por bien no venga, me han dicho varias veces. Me cambiaron de colegio y nunca supe en que terminaría mi carrera de hombre de frente de tarima. Ser la hojita de pasto verde limón en un mar de hierbas endurecidas con los años y matorrales inexpugnables no es fácil. Pasar de crecer en colegios exclusivamente masculinos a ser arrojado a un colegio mixto tiene tanto de bendición como de tragedia, pues empieza la vida a tener elementos nuevos que antes no estaban presupuestados. De ese año escolar debo rescatar las amistades que forjé con tanto ahínco y el hecho que me metiera en el musical y me enseñaran a cantar. En mi casa seguí cultivando mi música hasta el día que me propusieron montar una nueva banda de rock, pero ya más “madura” porque no era parte del curriculum e implicaba dedicarle mi tiempo personal. “Edipo y los hijos de puta” tuvo una carrera corta y poco memorable, quizá una que otra presentacion donde logramos montar canciones de rock y solos de guitarra ejecutados por mi a mis mejores habilidades de Queen y de Metallica, el cantante choco, siempre le metió la mejor actitud, lo que nunca tuvimos fue exposicion al público (y cómo culparlos con ese nombre que teníamos y soñabamos ver en afiches). En un ataque de dirección musical matamos ese enjambre de cerveza caliente y fantasías de groupies y giras que nunca iban a materializarse debido al nivel mediocre que predicábamos en nuestra filosofía. Decidí darle cabida a Melisa R dentro de mi emprendimiento musical y darle el micrófono a canciones rockeritas en inglés con voz femenina, monté todos los bemoles de ese novedoso pop-rock con el que traicionaba mi rudeza original y nos montamos en ese nuevo experimento que llamamos Rosa Estéril, debido a un concierto que dimos y que Pablo decidió coronar tirando rosas rojas con condones puestos. Sigo sin entender muy bien el proposito, sobre todo porque no se imaginan lo que es cubrir una flor con latex, y el desocupe tan tenaz que es preparar el asunto con cuarenta y ocho rosas de esas que venden a la salida del deporcali, para lanzarlas en medio del alarido que era la canción de Pablo llamada “Instante”, que constaba de hacer una bulla increible de tres segundos y quedarse callado mientras el hacía la pantomima de bajarse del escenario.
Le enseñé a Lucho los misterios del bajo y con lineas muy básicas le di forma a la base de la percusión de los Rosa, Melisa era un bombón, que pudo haber cantado muy lindo si hubiera estudiado el tema un poco más. Pero sonreía y estaba buena, con su ropa apretada y estridentes destellos de dientes en la mitad de la cantada. Nos fuimos a un festival de bandas y alcanzamos a pasar varias rondas, mi baterista por ese entonces era Juan, gigantón de dos metros con ojos de Droopy que se reía con tanta emoción que no emitía ruidos porque le faltaba el aire. En los ensayos cuando saltaban cosas chistosas a relucir, como las rabietas de Lucho, nos acordábamos de su presencia porque se caía del sillín de la risa. Agarrabamos esa tarima y alcanzamos a tener buena energía, por aquella época Lucho empezó a volverse amigo de un loco que le llamaban el Baby, que siempre nos animó porque según él teníamos toda la onda y sólo nos faltaba tener música a la altura. El Baby se hizo famoso como vocalista de un grupo que iniciaba llamado Superlitio, fruto como la mayoría de las cosas lindas del país de esa tierra 100% chontaduro. Rosa Estéril murió cuando Lucho empezó a tener agarrones artísticos con Melisa porque dejaba de ir a ensayos por andar detrás del culo del novio que él le había presentado a ella, amistad antes que mujeres fue el resultado de aquella charla terrible donde todos decidieron sacar a Meli y poner sobre mi la carga de hacerlo. El colegio me vomitó como bachiller sin que me alcanzara a dar cuenta de los hechos, cuando por fin logré la tarima y la atención que tanto anhelaba, ya no me importaba.
En la universidad, ya entrado en los afanes de la facultad en Bogotá, empecé a cultivar mudamente mi vocación de intérprete y sólo me prestaba cuando el plan era casero y había una guitarra buena a la mano. Empecé a gastar horas y días con Andrés Santacruz escribiendo y cantando todo tipo de canciones, ayudando a una banda de amigos locos llamados “los remembers” a montar tonadas y grabar videos. Nació una incipiente banda llamada “Los exnovios de su hermana”, donde estaba la onda, a las canciones le teníamos (y le sigo teniendo a algunas) una fe increible pero nos atacó un problema, el tiempo y la disciplina. Hoy en día Andrés, mejor conocido en mi vida como “el pollo”, es el padre de una hermosa bebé y esposo de una mujer con paciencia infinita, muy dedicado a su trabajo en una multinacional, montó un estudio de grabación y está en proceso de lanzarse como cantante independiente bajo el nombre artístico de Santa, y su primer sencillo “Mis panas” está creciendo cada día en youtube, sólo cosas buenas pueden salir de esa aventura y nadie más que se merezca como él las cosas buenas que le van a llegar. Pero por allá en la universidad ya mi galeria de instrumentos contaba aún con Lucy (y que llevaré conmigo hasta el día que sean astillitas en una caja) y con lo que en esa época llamaba mi harem, Tania era una guitarra oscura medianoche que tenía un micrófono Hammboker y un sustainer ideal para tocar con toda frescura los últimos gritos de Lenny Kravitz, Susana una azul eléctrica de efectos que me abrió nuevas puertas y contactos. Un amigo del mundo de la música, Chato, me llamó para ir a un ensayo de un toque en InVitro que era de esa “musica fusión que te he escuchado a vos” así que le comenté a Tato, compinche de mi vida y el gran promotor de mi talento musical mientras tuvo la suya, me recogió y fuimos a la discoteca a eso de las cuatro de la tarde. Allá escuché el ensayo de una banda nueva llamada Sidestepper del famoso productor Richard Blair y quedé matado por una pedalera de mil efectos conectada a una Stratocaster verde limón y amplificada por Peavy’s de unos 300W. Fascinado por esa fusión electronica y salsómana de fruko y sus tesos me lancé a preguntar por los instrumentos y terminé tocando una leve improvisación con el percusionista en esa tarima y probando efectos novedosos, hubo química y feeling, pero yo no era un músico de escuela y profesional como todos ellos, sin embargo estuve con ellos gozandomela toda. A la siguiente semana me llamaron de una disquera para ir a una entrevista o reunion de interes, le llamaron. Me senté con ellos y me ofrecieron ser el guitarrista de efectos y estudio de Sidestepper, en un contrato a seis meses mientras probábamos, yo firmé y con el cheque me dieron puse la cuota inicial del carro rojo que me acompañaría hasta que el pollo me lo comprara.
Conforme pasó el tiempo, yo no le conté a casi nadie sobre mi nueva influencia musical, mis cercanos se enteraron en gran parte porque no tenía tiempo para nada y empecé a parecer un vampiro por la falta de sueño y agotamiento constante. Pero todo gran esfuerzo rinde sus frutos y fuimos teloneros de Jamiroquai en el Jaime Duque, en medio de una gran rumba me monté en la tarima de la venia y me sentí el dueño del universo por primera vez en mi vida. Como a mi familia nunca le ha gustado que persiga sueños musicales, ya que de joven decidieron vivir mi vida por mi e inculcarme el afán de volverme ministro o quien sabe que diablos en la vida pública, no les conté el tema, mi roce con la fama es y será por siempre un deleite privado donde me demostré que soy capáz y con eso me basta. Al enterarse que empezaba a enfilarme a mi música mi abuelo me lanzó una oferta que jamás olvidaré, me ofreció hacer cualquier tipo de estudio posterior pero afuera del país, la oferta expiraba en tres meses. En medio de ese miedo por el futuro y dejándome meter cuento sobre la inestabilidad de esa vida, dejé que se apoderara el nerd que habita dentro de mi y empaqué mis trastes para irme a la Argentina y no volver más a Colombia. El detonante de esa decisión, debo admitirlo, fue la muerte de Tato. Para mi fue muy dificil tocar guitarra en público después de eso, ya que siempre me acuerda de él y cómo se emocionaba con la sola idea de ser mi manager. Tenía esa prosa versatil que lo permite a uno ensoñarse de verdad en el bus de la gira por Europa y siendo headliner de concierto de estadio, me hacía estremecer con la idea de un concierto íntimo y privado en el futuro dentro de un teatro donde la gente que llegara se supiera mis canciones y llenaran de toda esa buena vibra mi universo para salir a escribir y escupirle al mundo otra producción musical.
Por mi lado me dediqué a estudiar otro tipo de disciplinas y meterme en el mundo de negocios y empresas. Puse de lado la música y jamás me arrepentí de darle el fondo personal y de introspección que siempre ha tenido en mi vida, cuando pasé por Buenos Aires empecé a tocar tangos sin darme mucho cuenta de qué ocurría con mis inclinaciones de género y ritmos. Retomé mi amor por el rock en español y el tango, con Samba, guitarrón de palo que compré al quinto día de estar viviendo en esas tierras del sur y que no tuvo la suerte de llegar conmigo de regreso a Colombia. Suena mi celular, es Pipe. Me dice que quiere hacer un asado en Chía, le digo que me da pereza ir a trasnochar por allá, me dice camine que ya dije que vas a tocar así que no se te puede olvidar la guitarra. Es una noche interesante, todos comemos, tomamos y el combo de amigos de mi llavero no sólo me piden las canciones sino que se saben la mayoria, sin contar con que siempre cantamos el repertorio fogatero de los grandes clásicos que no me han dejado olvidar. El pollo me llama con alguna frecuencia para que vaya al estudio a pendejear, con la intencion de venderme la idea de retomar la vida de artista, que firme con él para ceder los derechos, pero prefiero que sean experimentos que no me obliguen a poner la cara en aperturas de centros comerciales ni abrir programas de radio. Mi futuro está en mi empresa, en el desarrollo de otras pasiones igual de importantes, en cultivar el terreno para todas esas cosas con las que uno se sueña. Pero igual voy al estudio, igual he estado a punto de decirle que si, ya veremos que ocurre.
Al final del día perseguir con disciplina y esfuerzo las pasiones que uno aprendió a adorar solo puede traer buenos resultados, dificiles de medir con una regla. Por eso cada vez que alguien me dice “Santi quiero aprender a tocar guitarra/piano/mujeres/xilófono/clarinete/etc.” Lo único que se me ocurre decirles es: ESO ES MUCHA COSA BUENA.
Para los que no sabían como jugar eso de Sheldon Cooper…
(Fuente: one3productions)
Por alguna razon extraña.. ver esta foto me produce una risa incontrolable jajajaja
(Fuente: lonelycoast)
17 notas (via lonelycoast)

Despertar es un acto muy bonito en el fondo, porque su análisis superficial es terrible, hay que espantar la lagaña del sueño profundo adquirido demasiado tarde, quitar la cabeza rápido antes que uno se percate que lo mojadito es esa baba insipida de quien duerme sin control boca abajo, mover el brazo que sigue dormido porque se quedó soportando el peso del cuerpo en medio de ese sopor encorchado, sin aún llegar al punto de la marca roja de patrones creativos dejada por la almohada en la cara. Inician las actividades neuronales con el chequeo cruzado de las aptitudes mentales. Con el tiempo es una reaccion automática, donde estoy, quien soy, que hago, que voy a hacer y como tengo que hacerlo. Sin darse cuenta uno responde de forma mecánica las preguntas más fundamentales de la condición humana. ¡Clic! La infeliz alarma del despertador y cae el interrogante más importante de la semana: “¿Por qué será que el lunes está tan cerca del viernes y sin embargo el viernes tan lejos del lunes?”. Empieza uno en silencio a invocar el futuro, esa mágica palabra que todos conocemos como “mañana”, tierra mística donde habita el noventa por ciento de la productividad humana, motivaciónes y logros. Para gente como yo, mantener el enfoque en el presente es una tarea bastante complicada, siempre me estoy adelantando a lo que tengo que hacer y antes de acabar la ducha ya solucioné las cosas que iba a hacer durante el día. Hacerlas, es una cosa absolutamente distinta. Los mejores días ocurren cuando uno tiene la guardia un poco baja y se deja sorprender, teniendo ciertos recelos propios de la edad y las experiencias anteriores.
Vestía unos tennis nike que son mi pecado culposo (porque detesto la marca pero esos malditos son demasiado cómodos) aquella tarde que regresaba de montar cicla sintiendome profesional y comprobando la ley de la gravedad como el principiante más estúpido. Para levantarme el ánimo me puse una camiseta de Boca Juniors que siempre me trae buenos recuerdos y la mejor energía (a eso en mi mundo lo llamo yuyu), unos jeans que ademas de quedarme apretados por mi precaria condicion de tamal mal envuelto estaban llenos de rotos. En resumidas, parecía un relamido de camello con poca movilidad y desesperado grito por recuperar la adolescencia perdida. La perrita, que tanto disfruta las idas a paseo lejos, estaba oliendo a micos porque quien sabe donde se había revolcado, me dolía el orgullo por el totazo en cámara lenta que me había pegado y mi amigote Pipe Rubio tenía todas las energías del mundo porque había descubierto en Juliana, abogada amiga mía y momentánea entusiasta del plan en dos ruedas, una mujer con un humor ácido y buena actitud. Así que quedamos de encontrarnos con ella para darle mate a un lento whisky charladito. En ese sauna de olor canino, demasiada colonia en el ajuar de mi amigo, aire acondicionado y chistes varios que se habia convertido mi carro en medio de ese infernal trancón, sonó el celular de Pipe. Era Isabel, me mostró el nombre mientras esperaba a ver que hacía, si contestar o no. Me demoré unos cuantos segundos en ubicar el nombre dentro del contexto, y lo miré con cara de vaca atontada a la espera del resultado de la conversación, bajé el volumen del radio y la perrita se quedó particularmente callada. Quedaron que salían esa noche, bárbaro, dije yo. “Que pasemos por ella ya o si no le da pereza salir” Estas loco Pipe, mirame la pinta, va a creer que soy aguatero de turno. Bueno, está bien, decile que ya vamos para allá. Como era de esperar, al llegar nosotros a recogerla nos tocó esperar también, así que me apeé y caminé media cuadra hacia una iglesia cercana.
Pipe se alejó un poco cuando la vio salir, yo como raro estaba muy distraído para darme cuenta y me sentí un poco raro al ser llamado. Caminé con la mejor actitud de dandy que encontré en el bolsillo y me aproximé, ella estaba parada arriba de unos escalones sumados a un par de tacones, se veía como una escultura de lejos. Ya me había ganado el punto alto, y si hubiera recordado mi entrenamiento militar, hubiera sido el momento de huir un poco. Pero nada, firme como comando élite hasta el último momento le salude con una sonrisa colgate y le abrí la puerta del carro, le expliqué por encima la chocoaventura de la montada en bicicleta y emprendí camino a mi casa. En la portería nos esperaba la abogada, subimos los cuatro y los dejé en la sala. Pipe, vos estás en tu casa, me voy a arreglar. Cuando salí vestido de persona decente, ya la conversación era amena, estaban todos terminando su primera ronda y todo avanzaba como bien. Siempre firme a mis dotes escénicos, no me dejé meter en conversaciones de política y religión. Yo la verdad no quería salir, pero Pipe fue muy insistente así que Juliana nos llevó a la zona T, y se despidió dejándonos a los tres a nuestra voluntad.
Entramos al sitio de confianza, y posiblemente el único de Bogotá donde me saludan por mi nombre, Mink, bar donde suena una electrónica pasable, el ambiente es agradable y sobre todo, tiene terraza cubierta. Allá nos encontramos con otro amigo de ellos y la novia, mujer de curvas pronunciadas y labios fluorescentes. Al sentarnos en la mesa la disposicion de las personas me permitió hablar con Isabel en un ámbito más privado. Descubrimos que todo lo que no teníamos en común nos une. Ella tiene una hija que parece sacada de un catálogo de ropa infantil, yo diseño juguetes. Ella trabajaba para el ente recaudador de impuestos vigilando inversiones de alto nivel, yo pago impuestos con cierta frecuencia. Ella sabe de política y planea entrar a trabajar en el área, yo he visto uno que otro noticiero. Ella tiene ese don extraño de quien sabe que es centro de atención en el universo pero logra absorberlo a uno con la mirada. Es una sensación tan fantástica como incómoda, porque te envuelve a con una atención que alcancé a creer que yo estaba diciendo cosas interesantes. Le hablé de arte, de literatura, punto que me dejó loco porque sabía de cuanto autor se me ocurría pronunciar. Si bien la mirada que le sostiene a uno es hipnotizante, la estocada final la da con una sonrisa fácil y una risa sincera. En algún momento de la noche empecé a cuestionar mis superpoderes, algo me había echado y no entendía muy bien que, estaba teniendo una conversación placentera con una mujer desconocida por primera vez en meses. ¿Sería el jabón con que me había bañado? ¿Acaso desempolvar esa camisa blanca me había subido el nivel de interesantismo? Quien sabe, la verdad esa botella de whisky vino y se fue. Hechos una instalacion navideña de lo prendidos decidimos no dejar morir la noche tan prematuramente y decidimos ir a hotel V. A la entrada nos dimos cuenta que yo a mis veinticinco años todavia tengo dotes de cuentero y nos conseguí las entradas gratis. Subimos los 5 pisos como espuma de champagne y llegamos a una terraza atestada de gente. Pipe pidió otra botella de whisky y nos sirvio a Isa y a mi los únicos tragos que tendriamos la ocasión de probar en ese sitio. Empezamos a hablar de mil cosas, mientras bailabamos nos confesábamos cosas al oído como dos adolescentes y reíamos.
Un empujón y caí sentado en otra mesa, donde una mujer me saludó de abrazo y me preguntó hace cuanto había llegado. Al verme en el furor de mi desubique Isabel me tomó de la mano y me sonrió. Lo que me debió subir fue la bilirrubina, supongo, porque de repente senti su rostro tan cerca, y sus labios tan suaves que cerré los ojos a darle un beso. Yo culpo al trago, pero en el fondo sé que la culpa la tiene la química, en la mitad del recorrido alcancé a pensar en el fracaso, pero ya la acción estaba comprometida y ella se dejó plantar un tímido beso. Abrí mis ojos como platos para ver bien que reacción estaba teniendo mi victima y la econtré con sus párpados cerrados. La siguiente media hora la viví en cámara lenta, al separarme la miré fijamente a los ojos y sentí como una conexión me arrastraba un poco a ser parte de su vida y a ella a entererarse al dia siguiente de la mia. Esos ojos color miel son una cosa loca, tiene en su iris izquierdo dos lunares que lo invitan a uno a perderse, es como mirar un cielo despejado en los llanos, si ella permitiera, dentro de sus pupilas uno podría ver hasta el futuro. La gente cuando tiene angel cae como el sol en todas partes, ella irradia una energia particular, sabe sacarle provecho a todas las cosas y mira todo con la curiosidad de un recién nacido. Me mira y sonríe, yo le respondo con la misma cortesía mientras nos damos cuenta del levante que está haciendo Pipe al otro lado de la disco, una “mujer” (así le de rabia para mí sigue siendo un travesti) morena alta con un hablado extraño según él proveniente de la Guajira. Prendo todas las alarmas pero el intoxicado Pipe no me permite despachar la girafa, Isabel está muerta de la risa y la indiferencia y me invita a bailar. No puedo dejar a mi amigo solo, mirá no más el esperpento ése y suena el único reggaeton que verdaderamente ha logrado cautivarme, RX de Don Omar, y me dejo llevar, sorry Pipe. Llegué a mi casa sintiendo que me había quitado una carga profunda de encima, recuperado casi en mi totalidad en confianza y fe en mi propia existencia. Pipe hace protestas porque logré dañarle el levante y ahorrarle la sorpresa detrás de esa manzana de adán. Me acuesto a dormir sintiéndome el dueño del universo.
Al despertar comprendí que si bien no se que trae el futuro, tampoco me preocupa tanto como antes. Al bañarme suena el celular y me invitan a desayunar con los de la noche anterior. Levanto a Pipe con mi usual grito de cariño y le digo que nos vamos, llegamos al Corral Gourmet como si hubiera pasado una aplanadora por encima de nosotros, ahí está ella. Frío reviso que todas las partes de mi anatomía hayan llegado conmigo al sitio y levanto la testosterona al nivel requerido para recordar mi encantadora personalidad. La saludo con un abrazo y reanudamos, ahora sobrios la conversación de la noche anterior. Me siento tranquilo, ella logra sacar en mi las anécdotas y más de éste blog pero en vivo y en directo. Se entera del mismo y desde ese día se convierte en lectora, luego me abandona en el mundo virtual como parte de una campaña de desantiaguisarse que emprende cuando al paso de un par de semanas descubre que le caigo más que bien. Ella tiene temores, o eso demuestra, pero yo ignoro esas advertencias porque a fin de cuentas no hay nada de por medio y me meto en el plan que sólo pueden salir cosas positivas. Nos volvemos amigos en esa mañana de desenguayabe, nos volvimos confidentes cuando descubrimos oídos amigos y simpatéticos en nosotros mismos, no nos volvimos nada más.
“Santi, ¿que tanto ha pasado en tu vida?” Me pregunta buenamente Pipe Rubio días mas tarde, nada hombre, todo sigue igual, dándole al trabajo y a lo mismo de siempre. “Que de Isa” me dispara a quemarropa, yo no se que decirle porque la verdad no tengo como mucho para contarle. Él me conoce desde hace más de diez años, ha estado en las duras y maduras y se ríe. Sabe algo que yo no sé, pero no me dice ni pío. Quedé de verme con ella esa noche, al llegar la veo de cabeza baja y meditabunda, me dice que ha decidido no volver a verse conmigo, que no puede dejarse llevar por sentimientos, me hace sentir adolescente cuando me dice que está en un momento de su vida en que tiene que tomar decisiones serias. Yo no tengo nada que opinar, la verdad mi clarividencia no llega hasta esos puntos mágicos e irracionales del pensar de una mujer. No tengo todos los datos, en gran parte porque no me dieron nunca la oportunidad de conocerlos, quiza yo tampoco di de mi parte para mostrar mi vida. ¿Pero quien puede culparme? Los que me conocen de cerca saben el proceso que ha sido en mi vida volver a agarrar el ritmo positivo y las ganas, el que quiera ver la radiografía de mi vida, bien puede empezar a hacer méritos.
Al despertar siempre tenemos algo por delante, es el verdadero momento del día en que uno debería solucionar las dudas que tiene, es el único momento enteramente propio. Bien sea que ese momento llegue por el lenguetazo de la mascota, el abrazo de la hija, el llanto del bebé, el despertador inoportuno o la tortículis de la dormida en mala posición. El despertar nos une, nada como los inicios para darle ambiente a la vida.
Cuando desperté me di cuenta que lo que tiene el árbol de florido nace de lo que tiene sepultado, vienen experiencias nuevas, todas enriquecedoras. Les comento que el blog ha sido una gran fuente de fertilidad creativa en mi vida, y vienen sorpresas… hasta dentro de ocho!